lunes, 13 de diciembre de 2010

Al Tío Piola (Mariano López Montes)


AL TÍO PIOLA
(Mariano López Montes)

Aún parece que fue ayer cuando te conocimos, y nos parece inmensa tu ausencia. Antonio o “El Tito Piola” como cariñosamente te conocíamos, pertenecía a ese mundo, ya cada vez mas escaso de los “costaleros de siempre”. A estos que Antonio Burgos en su libro “Folklore de las Cofradías de Sevilla”, desde una óptica puramente etnográfica del tema agradecía su humanidad y comprensión y les otorgaba el cariño y el peso sentimental de su obra en frases como esta: “Sobre todo he de agradecer a los costaleros de Sevilla. Ellos que son el “lumpen” de la Semana Santa, y que tan sistemática como paternalistamente, han sido deformados por estéticas versiones complacientes; son los que han aportado desde siglos los caracteres mas específicos de esta tradición popular”.(1)

Costalero de la Puerta Osario, Bejarano , Moreno, Villanueva, siempre perteneciste a ese mundo color gris y sepia de la Sevilla humilde de la postguerra, de la privación, la alpargata, del yunque duro del trabajo, de la gracia, el chiste fácil y el verso no medido, de los valores simplificados y no complacientes; como otros hombres de aquel mundo, nunca te movió la racionalidad, lo rentable, lo interesado ni lo comedido. Tu ingenio y particular visión de la existencia, fueron el estimulo natural de tu talante para “buscarte la vida”, tus historias que nos contabas con tu particular léxico, a veces ingenuas y trasnochadas , pero siempre carentes de malicia y llenas de pasión.

Hombre de barrio que se fue a “los barrios” digno de pertenecer a ese universo mágico de los personajes de Fellini en su genial Amarcord, o a otro quizás mas cercano de Luis García Berlanga, en “Bienvenido, Mister Marshall. Siempre recordare con cariño la naturalidad que aquel verano de hace años cuando con tu amigo Antonio Mesoneros, mas conocido en el mundo de abajo por “El Oliva”, creaste tu particular empresa de viajes y organizabas cada domingo del estío, excursiones y te llevabas a tu gente de los Pajaritos y de Las Candelarias a la playa. Tu sentido del humor y fantasía sin limites eran tu marketing y sin par reclamo: ¡Salta la ola con excursiones Piola!, ¡Domingo doce, la botella está llena y nos vamos pa la Ballena!, o este otro: ¡Domingo diecinueve, no es el tiempo de comer castañas pero nos vamos pa Matalascañas, o aquel que te inventaste en un momento: ¡Pa la fea y pa la mona nos vamos pa Chipiona!.

Tus años y sencillez siempre calaron en tu “gente de abajo”. El haber sido costalero de los de antiguo como tu decías, y en la actualidad contraguía siempre supuso para ti un orgullo y la vivencia mas preciada. Nunca perteneciste, ni te interesó en lo mas mínimo ese mundo de trepadores de medio pelo y poderosillos de viejo o nuevo cuño que se acercan a las cofradías y que también se da en nuestro “mundillo”, pretendiendo la relevancia personal, puesto que tu filosofía era mucho mas fácil , vivir el día, sin demasiada preocupación por el futuro, ya que tus recuerdos e historias del pasado y tu personal idiosincrasia hacían de tu vida un continuo presente.

Amigo de tus amigos de las charlas y corrillos y de una Sevilla recreada que a veces quizás tampoco existió para ti, siempre consideraste al costalero como algo íntimamente tuyo y tu trato con las Imágenes Titulares siempre tenían como buen andaluz un fuerte componente de antropocentrismo, era digno el escucharte entre tinto de Morales y trozos de “pedacitos” y “calambares” como tu les decía, la forma cercana amigable y respetuosa que tenias hacia nuestros Cristos y Vírgenes, a los que te dirigías con una especie de cercanía metafísica y nada ortodoxa.

Tal vez Manuel Sánchez del Arco al escribir su libro Cruz de Guía, y al referirse al mundo de los capataces y costaleros te inmortalizara en esta frase: Al sevillano nunca le faltará ni el respiradero de un chiste ni el faldón bordado de la fantasía para ocultar la pena de su trabajo, y eso que, a éste y a todos, les da el carácter de un rito, con sabia parsimonia. Cada uno con su peso y todos por igual”.(2)

Se me antoja recrear los recuerdos y verte de nuevo con tu traje negro, tus andares desvencijados y tus expresión burlona y a la vez solemne y moviendo tus manos susurrabas con el tono aspero de tu voz ¡”niño esa izquierda mas atrás!.

Siempre te ha gustado el trabajo a la antigua, sin alardes valiente y sin las estridencias propias de algunas cuadrillas actuales, tu puesto siempre estuvo en la trasera, acostumbrado a ver los pasos siempre por detrás, aun te recordamos junto al rico trono de Heredes el Domingo de Ramos, tras austero manto de terciopelo azul en Santa Marta, o junto a vibrantes candelabros de cola y manto rojo y bordado en la calle Orfila, o bien un Jueves Santo tras el clasicismo añejo y sevillano de las Cigarreras o El Valle. Y tu despedida antes de partir al son de la cadencia de las marchas fúnebres mezclada con el incienso y el azahar de los naranjos de Doña María Coronel y San Marcos, al morir un nuevo Sábado Santo.

Soñador de sueños imposibles, pícaro burlón, idealista y aventurero, pirata de tierra adentro en los mares de Chipiona y La Higuerita, que allá por Septiembre enarbolaste las velas de tu alma de niño inquieto, y marchando sobre los pies y siempre de frente como en nuestro Domingo de Ramos diste tu última chicotá hacia Tu Eternidad hecha de pasos de misterio y “pasopalios”; y ahora sí, de frente y mirando a tus Cristos y Vírgenes cara a cara, les dirás con tu talante de siempre. ¡Buenas noches señores, aquí esta el Tito Piola para lo que ustedes quieran mandar!.....

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(1)- Antonio Burgos . Folklore de las cofradías de Sevilla. Universidad de Sevilla 1972.
(2)- Manuel Sánchez del Arco. Cruz de Guía. Editora Nacional. p.p. 389. Madrid 1943.